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viernes, 2 de septiembre de 2011

¡Copito no se quiere ir!

Hace unos meses ya, por razones un tanto nada claras, podaron un árbol cercano a la zona donde vivo. Era hermoso, podría decirse que su altura era descomunal, unos 2-3 pisos de un edificio promedio, siempre brindando su verdor, su cobijo y sombra a todo el que por allí transitara. 

Imaginen la magnitud de éste ejemplar, que tardaron 2 días talándolo. Creo que aún siento el desespero de esos dos días de tortura, porque aunque me digan dramática o exagerada yo podría jurar que oía gritos de desespero con cada rama que cortaban.

 Vista aérea del árbol, a quien de forma cariñosa le decía Copito

Ya con unos cuantos meses de talado, que de paso para "evitar brotes" tuvo que pasar por otra serie de torturas como el que el echaran gasolina y encendieran fuego para quemarlo ligeramente, que le arranquen cualquier indicio de renacimiento, veo con ojos de emoción, de admiración a una naturaleza que sabiamente nos hace recordar que primero estuvo ella aquí, que las mezquinas personas que pretenden negarle su derecho a permanecer brindando, lo que con tanto desespero buscamos ahora y que de seguro lo haremos a futuro: OXIGENO, aire puro, sombra y cobijo...

 Brotes de vida


Lo que aún queda de su tallo.

Ojalá que en el futuro, lo que tanto nos enseñan en las escuelas lo tomemos en cuenta de verdad, que consideremos que, eso que llaman "Himno al Árbol" no es una canción que debemos aprendernos por un mero formalismo, sino que es un llamado a la reflexión. 
"Al árbol debemos solícito amor
jamás olvidemos que es obra de Dios.."